__¿No entiendo cómo podemos ser 300 mil y nos quedemos parados, sin hacer nada? ¿Nos vamos a dejar matar por estos infelices, por estos ignorantes que no se dan cuenta que nosotros no estamos infectados?
__Bueno viejo, tranquilo, ¿qué vamos a hacer? Ellos están armados y nosotros lo único que tenemos es mugre encima.
__Pero igual che, no me entra en la cabeza. Por ejemplo, pensá, si empezáramos a correr todos juntos, seguro que llegan a agarrar a 500 con suerte.
__Pero no somos todos jóvenes como vos, mirá a tu alrededor: el que con suerte tiene dientes, también tiene 5 críos para cuidar. ¿Qué querés? ¿Armar un ejercito de madres y desdentados?
__Si ya sé, pero igual tenemos que hacer algo, tenemos que escaparnos.
Shh, Shh. Callate que ahí viene uno.
El oficial, alto y con su fusil al hombro, posó su mirada sobre cada par de ojos de los 300 mil encarcelados. Sonó su radio y tras haber contestado con un cerrado “OK” se retiró por el mismo pasillo por el que había ingresado al pabellón.
__¿Viste con el asco que nos miró?
__Si tranquilízate, son así, qué vas a hacer.
__Te juro que si lo tuviese a medio metro, le pisaría la cabeza. Le arrancaría los ojos, te juro.
Media hora más tarde.
__¿Ves esas camaras allá atrás? Ahí nos van a llevar. Hace una semana, hicieron lo mismo. Mi primo me contó.
__¿Ves? Sabiendo eso tendríamos que organizarnos y pelear, si no tenemos nada, ¡nos tenemos que ariesgar viejo!
__Ya es tarde. Nos llegó la hora.
__¡Ahi vienen! ¡Corran, corran!
Los oficiales rociaron con gas las enormes celdas y entre gritos desesperados de madres, ancianos e hijos, fueron cayendo muertos unos sobre otros, desplomados al inhalar el veneno. Eran 300 mil.
* Basado en el dialogo de dos de los 300 mil cerdos sacrificados en Egipto ante el brote mundial de gripe porcina. La OMS pronunció previamente que la medida era totalmente infundada.
30 de mayo de 2009
27 de mayo de 2009
“Estudiar Comunicación y la tía Peta” por Beto, el Errante.
Qué difícil es explicarle a mi tía Peta lo que estudio. Yo tendría que haber estudiado medicina como quería mi vieja y listo. Para los de medicina es facilísimo: “¿Vos qué estudiabas Albertito?” Medicina. Listo. A otra cosa tía. Pero en cambio, a los desviados como yo que se les ocurre estudiar Comunicación, la pregunta tan sencilla de la tía Peta resulta tan difícil como escuchar a González Oro durante más de diez minutos. Porque después de haber conseguido una definición más o menos resumida de lo que significa la carrera de Ciencias de la Comunicación Social (¿un copado el que le puso el nombre no?) uno tiene que explicar cómo se va a ganar la vida con ese titulo. Lo más fácil es decir que después laburás como periodista. Es lo que mejor resulta. Pero no se alegren, tampoco es respuesta que deje sin preguntas a la tía. Cuando nombrás la palabra periodista a tu tía Peta se le viene a la cabeza la imagen de Guillermo Andino. No sé porqué, es algo inexplicable, pero ella cree que vas a ser como Guillermito. “...qué pintón que es ese chico” te dice y vos cerrás los ojos porque ya no das más de tanta incomodidad.
La pregunta que nuca falta de Peta, tu tía, la mía, la nuestra, es:
“…y a vos qué periodista te gusta?” Pensas un segundo y medio, hasta que largas un falsamente efectivo “Y… la verdad que muy pocos Tía”. La muy yegua no se queda conforme, porque en ese momento ella es una especie de Jorge Rial, la encarnación del resentimiento, y te repregunta, “Baby Echecopar te gusta?”
"No TIA!!! No me gusta Baby, me parece un cretino de primera!!!", pero no, es la tía Peta, no podes hablarle así, y le contestas con un llano, “no, Baby no me gusta mucho tía”.
Roland Barthes afirma, en uno de los doscientos textos que lees en la carrera de este muchacho, que existe el fenómeno de lo que el denomina el terrorismo de la pregunta. Según el autor, el que realiza las preguntas cuenta con un poder incalculable. Las preguntas incomodan, te arrinconan, te descolocan. Mi tía Peta es la Bin Laden de las preguntas. Les doy un ejemplo claro, para que no piensen que exagero: “y cuando te recibís?” Es la pregunta más horrible del mundo Tía. Sabelo. La más insoportable de la vida del estudiante de Comunicación o cualquier licenciatura infinita. La carrera de Comunicación en la UBA es más larga que la avenida Rivadavia. No se rían, de verdad se los digo. Es más probable recibirse antes de locutor nacional siendo tartamudo, que terminar Comunicación en la UBA. Ustedes se ríen, pero es triste. Sabes la gente desdentada y con bastón que veo en la facultad que sigue cursando, cursando y cursando. Tengo un primo cinco años menor que yo, que ya se recibió de Ingeniero en electrónica, luego de abandonar tres carreras. Se entiende ¿verdad? Es muy larga. A veces pienso que mis hijos, recibidos y casados, me van a alcanzar en su auto a cursar.
Ojo, no me quejo de todo eh, sé que la carrera tiene sus ventajas. La principal a mi entender es que ningún familiar o amigo va a pedirte un favor en el futuro siendo Comunicólogo. Es genial tener un amigo Medico, y poder llamarlo porque el nene tiene una tosesita rara. O un primo Abogado que te acelere los trámites en el juzgado o un cuñado contador que te dibuje la declaración jurada de ganancias. Pero imaginen, ¿Quién va a necesitar un favor de un Comunicólogo? ¿Tus primos te van a llamar un miércoles a la madrugada para decirte: “Necesito que me des una mano con el contrato de lectura que plantea Clarín desde sus portadas...” ? No, imposible. O que tu esposa te diga: “Llamó mamá, dice si le podes analizar semioticamente los estereotipos utilizados en la novela brasilera de canal 9”. No, me muero. Si me pasa algo así me exilio en Kamchatka 35 años.
Pese a todo este calvario académico/familiar a mi me gusta estudiar Comunicación. Porque sigo creyendo que algún día va a llegar el final. El ansiado día de recibir los huevasos y la harina, la botella de champagne enorme; el día que un profesor te diga, “deme la libreta” después del último examen final. El día que la levantes de un abrazo a tu tía y le digas: “Peta, me recibí!”
La pregunta que nuca falta de Peta, tu tía, la mía, la nuestra, es:
“…y a vos qué periodista te gusta?” Pensas un segundo y medio, hasta que largas un falsamente efectivo “Y… la verdad que muy pocos Tía”. La muy yegua no se queda conforme, porque en ese momento ella es una especie de Jorge Rial, la encarnación del resentimiento, y te repregunta, “Baby Echecopar te gusta?”
"No TIA!!! No me gusta Baby, me parece un cretino de primera!!!", pero no, es la tía Peta, no podes hablarle así, y le contestas con un llano, “no, Baby no me gusta mucho tía”.
Roland Barthes afirma, en uno de los doscientos textos que lees en la carrera de este muchacho, que existe el fenómeno de lo que el denomina el terrorismo de la pregunta. Según el autor, el que realiza las preguntas cuenta con un poder incalculable. Las preguntas incomodan, te arrinconan, te descolocan. Mi tía Peta es la Bin Laden de las preguntas. Les doy un ejemplo claro, para que no piensen que exagero: “y cuando te recibís?” Es la pregunta más horrible del mundo Tía. Sabelo. La más insoportable de la vida del estudiante de Comunicación o cualquier licenciatura infinita. La carrera de Comunicación en la UBA es más larga que la avenida Rivadavia. No se rían, de verdad se los digo. Es más probable recibirse antes de locutor nacional siendo tartamudo, que terminar Comunicación en la UBA. Ustedes se ríen, pero es triste. Sabes la gente desdentada y con bastón que veo en la facultad que sigue cursando, cursando y cursando. Tengo un primo cinco años menor que yo, que ya se recibió de Ingeniero en electrónica, luego de abandonar tres carreras. Se entiende ¿verdad? Es muy larga. A veces pienso que mis hijos, recibidos y casados, me van a alcanzar en su auto a cursar.
Ojo, no me quejo de todo eh, sé que la carrera tiene sus ventajas. La principal a mi entender es que ningún familiar o amigo va a pedirte un favor en el futuro siendo Comunicólogo. Es genial tener un amigo Medico, y poder llamarlo porque el nene tiene una tosesita rara. O un primo Abogado que te acelere los trámites en el juzgado o un cuñado contador que te dibuje la declaración jurada de ganancias. Pero imaginen, ¿Quién va a necesitar un favor de un Comunicólogo? ¿Tus primos te van a llamar un miércoles a la madrugada para decirte: “Necesito que me des una mano con el contrato de lectura que plantea Clarín desde sus portadas...” ? No, imposible. O que tu esposa te diga: “Llamó mamá, dice si le podes analizar semioticamente los estereotipos utilizados en la novela brasilera de canal 9”. No, me muero. Si me pasa algo así me exilio en Kamchatka 35 años.
Pese a todo este calvario académico/familiar a mi me gusta estudiar Comunicación. Porque sigo creyendo que algún día va a llegar el final. El ansiado día de recibir los huevasos y la harina, la botella de champagne enorme; el día que un profesor te diga, “deme la libreta” después del último examen final. El día que la levantes de un abrazo a tu tía y le digas: “Peta, me recibí!”
Beto, el Errante.
(las cursivas son nuestras)
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